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Control de la indiferencia

Sin llegar a una situación extrema de inmunidad y de ese sentimiento de “dar todo igual” ¿Resultaría adecuado, ante algunas circunstancias y situaciones, que nada podemos hacer y para nada nos afectan, mostrar una actitud de indiferencia?

Indiferencia buena, aunque decidiendo de forma consciente.Si bien para crecer y que nuestras potencialidades fluyan armónica y naturalmente se requiere sensibilidad, tampoco hemos de derrochar las energías en entretenernos en cosas que nos restan o poco nos suman, a lo que realmente deseamos.

Más que tratar de no aceptar la indiferencia, como algo pasivo, si tomar la opción de usarla por decisión propia, para poder conseguir los logros propuestos, para estar fuera de lo que no se puede controlar, y si participar en lo controlable, y no estar haciendo esfuerzos y gastos de energías en cosas poco adecuadas.

No se trata de estar en indiferencia como producto del miedo y de la cobardía, para querer justificarnos, lo que supondría que nos controlase ella a nosotros, puesto que sería el miedo y la cobardía quienes determinasen nuestras decisiones.

Hemos de no darle autoridad a la desidia, ni tratar de justificar el cansancio, aunque en algún momento de nuestra vida nos hayamos decepcionado con lo que hemos realizado o con lo que queríamos hacer. Pues si pensamos en ello es porque todavía nos queda algo en que creer sobre ello, aunque lo importante es saber reconocer el aprendizaje que se ha obtenido con ello para realizar las cosas de diferente forma y no quedarse en estados de indiferencias que generan pasividad, ante situaciones poco adecuadas.

Se puede luchar por el amor, se puede luchar contra el odio, aunque ante la Indiferencia solo queda indiferencia y olvido.

Si una persona muestra indiferencia por otra, ya casi todo está perdido, con esa persona. Por mucho que se trate de racionalizar el sentimiento, cueste entenderlo y pueda doler por haber llegado a compartir tanto.

Conviene adoptar actitudes indiferentes para mantener la sensatez, vivir con normalidad y disfrutar, ante las circunstancias o las acciones de otros, sobre las que no se tiene control.

En algunas ocasiones y circunstancias la indiferencia puede resultar tentadora e incluso seductora, aunque usarla sin un buen objetivo o simplemente no causando bien, tampoco es apropiado.

Resulta adecuado establecer un buen control, de forma consciente, para no estar pendiente de acciones que no nos afectan, e incluso que nos hacen perder.

Para una persona indiferente, el individuo, que no le merece, carece de importancia para ella, por tanto, su vida carece de sentido para esa persona, su posible dolor no le interesa. La indiferencia reduce al otro a una abstracción.

Hemos de saber que, controlando la indiferencia, también es una forma de tener una masa de gente sometida a algo que no les es bueno, pues si esas personas están pasando por algo no adecuado y no reaccionan ante ello, se puede decir que están en un estado de indiferencia mientras sufren, lo que es propio adecuado.

En conclusión, que la indiferencia es algo que se ha de tener en cuenta, para no estar con derroches inadecuados de recursos, aunque al mismo tiempo se ha de disponer de control personal para no entrar en estados de indiferencias que crean pasividad y privan de mejores situaciones.

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