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Juicios y Tolerancia

Los juicios son declaraciones, que existen en el lenguaje, mediante las cuales se generan nuevos mundos, nuevas realidades, son palabras guías, que las personas suelen seguir.

Juicios y ToleranciaLas realidades que generan los juicios residen en la interpretación que proveen, pues siempre viven en la persona que los formulan y normalmente generan un espacio para la discrepancia, dando por válidos los procedimientos existentes y cuestionando las razones utilizadas, así como tomando consciencia de la autoridad otorgada a quienes los formulan.

Los juicios pueden ser válidos o inválidos, dependiendo de la autoridad que se le otorgue a la persona que los pronuncia, al tiempo que también pueden ser fundados e infundados de acuerdo a la forma como se relacionan con el pasado.

Son muchas las personas que viven de juicios ajenos, y por lo tanto no actúan como centro autor de los juicios que han de presidir su propia existencia, lo que les hace vivir en una situación de inautenticidad, delegando así, en los demás la autoridad de emitir juicios que les importan, y de esa forma se sienten alegres al obtener juicios positivos de otras personas y se sienten deprimidos al recibir juicios negativos de los demás.

Personas que viven apoyándose en los juicios de otros, suelen actuar complaciendo a los demás y por lo tanto su vida está dirigida por fuerzas que no controlan, las cuales proceden de los diversos juicios que reciben, estando sometidos a un sufrimiento permanente, en la media en que resulta imposible satisfacer a todas las personas cercanas.

Quienes se toman los juicios como afirmaciones y no como lo que son “juicios“, suelen tener una vida rígida, llena de intolerancias, cerrándose a múltiples posibilidades de aprendizaje, descartando la posibilidad a las discrepancias de otros puntos de vista, no ven la existencia de una mayor diversidad y el enriquecimiento, puesto que interpretar de otra forma la sensación recibida las suelen tomar como error y también las entienden como falsas.
En situaciones así, no tiene cabida un espacio para la discrepancia y si para la confrontación.

En la medida en que consideramos nuestros juicios como verdaderos y a los de los demás como falsos, ponemos a las otras personas como malas, creándonos con ello las condiciones para el fundamentalismo y la intolerancia.

Si tratamos los juicios como afirmaciones, los asemejamos a algo permanente, con lo que eliminamos la posibilidad de la transformación y el aprendizaje.

Son muchas las personas que viven en una decepción permanente, respecto a sus expectativas, por no ser capaces de diferenciar entre juicios fundados e infundados, pasándose su vida sin comprender porque a ellas las cosas no se les dan como desean, al tiempo que se comportan con los demás, sin entender porque el éxito le es tan huidizo.

Vivir posturas de resentimiento, por entender como injustos los éxitos de los demás, así como los fracasos propios, suele deberse a incapacidades para fundar juicios.

Las personas que no les da un fundamento a los juicios, les sucede que cuando no están en estados de resentimientos, suelen estar con sentimientos eufóricos o de optimismo ficticio.

En definitiva podemos decir que la incapacidad de fundar juicios suele conducir a formas de vidas infundadas.

Estas cosas suelen emerger y tomarse consciencia de ellas, para así poder tomar las medidas adecuadas, en las sesiones de coaching.

Dver.

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