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Mente y Pensamientos

La mente y los pensamiento, o si se prefiere, esa voz que hay en nuestra cabeza, presenta ciertas particularidades y posee determinadas características.

Mente y Pensamiento, eso que siempre nos esta entreteniendo Si observamos detenidamente nuestra mente, de un modo muy profundo y meditativo, podríamos describir el movimiento de nuestros pensamientos y de nuestras emociones como algo que parece estar siempre presente, que parece ser incontrolable y que esta divagando tanto en el pasado como en el futuro, pues casi nunca está en el presente, en el aquí y en el ahora.

Los pensamientos se mueven en el terreno de lo conocido, de la memoria, del pasado, ya que una importante parte del tiempo están en lucha constante, rechazando lo que se está intentando cambiar.

La mente también es temerosa, se dedica a prevenir posibles males futuros protegiéndose, dándose la continuidad a sí misma, fantaseando, proyectando imágenes, situaciones e ideas. Se mueve obedeciendo un principio hedonista, aproximándose hacia lo que le proporciona seguridad, hacia lo que le resulta agradable y, alejándose o evitando aquello que le produce temor o le resulta hostil.

Los pensamientos están, en parte, controlados por las contingencias, especialmente de reforzamiento negativo, relacionándose con las emociones y con el cuerpo de forma bidireccional.

El contenido o significado del pensamiento influye notablemente en la psicología de la persona, pues es relacional y arbitrario.

La función de los estímulos puede transferirse a otros y/o transformarse, pues están sometidos al control de las incitaciones ejercidas por ciertas claves contextuales, tanto internas: un pensamiento, un recuerdo o una sensación, como externas: ver un acontecimiento u oír un ruido.

Los pensamientos pueden ser reaccionarios, respondientes y automáticos, poseyendo un fuerte componente de control, pues suelen actuar según ciertos hábitos tales como la queja, la agresividad, la impaciencia, la búsqueda de reconocimiento, las justificaciones, etc.

Suelen ser fragmentarios, divisorios y sectarios, por lo que no son holísticos, y tampoco pueden acaparar la realidad en su totalidad, pudiendo ser repetitivos, obsesivos, valorativos, comparativos, condenatorios, recriminatorios, neuróticos, etc., generando así un gran sufrimiento.

Cuando quieras emprender algo, habrá mucha gente que te dirá que no lo hagas, -eso no es para ti, -no podrás con ello, cuando vean que no te pueden parar, entonces te dirán como lo tienes que hacer, y cuando finalmente lo consigas, dirán que siempre han creído en ti.

En sesiones de coaching se consigue tomar conciencia de las situaciones que vivimos, ayudándonos en lo comentado hasta aquí.

 

Descripción realizada por Ramiro Calle (2005) sobre el estado de la Mente Ordinaria:

«El estado de la mente ordinaria engendra sufrimiento. La mente es conflictiva, voraz, insatisfecha. Su signo es el de la confusión. Es inestable, confusa. A menudo es víctima de sus propias contradicciones, su ofuscación, su avidez y su aversión. Está empeñada por la ignorancia, la división. Ha recreado durante años una enrarecida atmósfera de miedo, paranoia, hostilidad y egocentrismo. En ella arraigan venenos como el odio, los celos, la envidia y tantos otros. No es una mente bella. A veces hemos hecho de nuestra mente un verdadero estercolero. Limpiamos minuciosamente el cuerpo, pero tenemos la mente en el abandono. Una mente confusa genera confusión; una mente agresiva produce agresividad. Si la mente es el fundamento de todo, como acertadamente declaraba Buda, según sea la calidad de la mente así será lo que resulte de ella. En una mente competitiva, ofuscada, condicionada por la insatisfactoriedad, no puede haber compasión. Una mente así ni siquiera puede cooperar provechosamente. Es una mente que se debate en su propia zozobra. Tal es la mente propia de la mayoría de los seres humanos. Una mente en desorden, sin frescura, sin inocencia, sin vitalidad. Una mente así crea desamor, hostilidad, confusión sobre la confusión y ansiedad sobre la ansiedad. Asentada sobre sus condicionamientos limitadores, salpicada de contaminaciones, estrecha por hábitos coagulados, llena de obstrucciones, etc., una mente tal carece de claridad, de apertura, de provechosa creatividad. Los enfoques que se derivan de una mente en tales condiciones tienen que ser forzosamente erróneos y perjudiciales. Este tipo de mente es nocivo para uno mismo y para los demás, genera violencia sin límite, y desde luego, es inservible para la real búsqueda interior y la evolución consciente» (pp. 27-28).

Dver.

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